Mismidades y Egomanías de un tal Vorazip

Un blog donde las arbitrarias opiniones de su redactor acerca de la vida y todo lo demás, generarán odios y adhesiones a granel.

domingo, octubre 01, 2006

Vorazip contra los espectadores de Teatro

Lo pongo en situación. En el escenario, la hija quiere saber ese pasado que su madre oculta, quiere saber de dónde viene. Poco a poco la mujer va confesando, hasta que un día, revela una verdad incómoda, una verdad que necesitaba ser puesta en palabras.
Por supuesto, la hija se quiebra, todo su mundo se disgrega en millares de partículas, le pregunta a su madre por qué y mil veces por qué, y uno de esos por qué refiere a si no siente vergüenza.
La madre, quien se mueve en un mundo demasiado vil para la ingenuidad y pureza de su hija, afirma que no.
Y es en este momento, cuando la tensión de la obra está en el clímax, cuando los actores se están poniendo a prueba una vez más, cuando quizás la cuarta pared le es necesaria para no caer en la locura, que los espectadores, inexplicablemnte, se ríen a carcajadas.
Yo me pregunto: ¿Que morboso mecanismo hace que en la escena más dramática de una obra de Bernard Shaw los espectadores se rían?
Y no me digan que es una simple reacción humana, como aquellos que se ponen a contar chistes en los velatorios. Una cosa es una reacción contraria a una situación adversa, y otra cosa es lo melifluo, como diría el entrañable Roberto Arlt. Hace rato que vengo comprobando que muchísimos espectadores de teatro practican esta alevosía confundiendo un texto de altísimo vuelo con el guión de una comedia de televisión de las 21 hs.
Por supuesto, y como en casi todas las grandes obras, la ironía está presente y claro que uno se ríe cuando ella aparece, pero entender que esta es igual o similar al drama de una madre confesando entre lágrimas algo que considera digno de callar, mientras su hija se deshace por dentro, mm..., eso es otra cosa.
Uno se ríe cuando va a ver obras o espectáculos como Una noche en Carlos Paz, con Alberti y Capuzzotto, yo me he reído cuando vi en la costa atlántica y hace muchos años al gran Darío Vittori, actor subestimado por la cátedra progre y salame pero que en lo suyo, era mejor que unos cuantos. Uno se ríe cuando ve al magnífico Pinti, y aún así con cierta sospecha, ya que en la raíz de varios de sus espectáculos, se plasma lo peor de nosotros.
En fin, es extraño lo que sucede. Recuerdo que también pasó esto de la risa tonta cuando fui a ver una obra de Tato Pavlovsky, no recuerdo ahora el nombre. Como obra digna de este autor, nos íbamos con un sentimiento no desgarrador pero sí reflexivo acerca de lo que habíamos visto, una muestra feroz de la condición humana a traves de los personajes, pero ¿saben qué?, la mayoría se iba contenta como si hubiese visto una comedia musical…
Da la impresión que muchos están tan vacíos de sentido (la comida chatarra, la caja imbécil, las películas de superhéroes, los best sellers, la exacerbación de la belleza exterior, la pontificación del dinero, la obtención del placer como único fin están haciendo estragos) que ellos mismos confunden el sentido de los estímulos exteriores, y no pueden (ni quieren) tener la aptitud sana de discriminar, de diferenciar, ya que para ellos, todo es igual, todo tiene el mismo valor, y no me digan que es una cuestión de interpretación, porque en todo caso sería una cuestión de equívoca interpretación.
Así, uno debe andar haciendo malabarismos para que la estupidez no lo roce, ya bastante lo es uno como para encima contagiarse la de los otros, y guay si lo testimonia, como este es el caso, porque además pasa por resentido.
Y bueno, como sigue diciendo un amigo: peor es una patada en los dientes.

Vorazip

PD1: ¿Qué como estuvo la obra? ¡Ah!, no estuvo mal.
PD2: Quien suscribe no se hace cargo de las opiniones vertidas debido a su carácter especialmente ciclotímico.


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